El crecimiento de un árbol está condicionado por el entorno, en la actualidad el cambio climático, la contaminación y el desequilibrio en el ecosistema crean un marco donde no nos encontramos las mejores condiciones para un óptimo desarrollo.
Los seres humanos y los árboles no somos muy diferentes...
Existe una disciplina que se encarga, a través del estudio de los anillos de crecimiento de los árboles, de estudiar periodos climáticos, cambios ambientales y de la evolución del clima. En los anillos de crecimiento se registra, a modo de huella dactilar, todo tipo de acontecimientos ambientales con una precisión anual. Es la dendroclimatología.
Contando estos anillos podemos saber la edad de un árbol.
Había una vez un ejemplar de pino de Great Basin, en cuyo tronco los anillos de crecimiento relataban acontecimientos de su historia personal y del espacio físico en el cual se desarrollaba. Este ejemplar sobrevivió a los incendios, las plagas, las tempestades y las sequías durante casi 5000 años.
Teniendo en cuenta que este árbol había nacido antes de la construcción de las grandes Pirámides de Egipto, antes del nacimiento de Cristo y cuando el ser humano trasmitía sus conocimientos a través de una escritura recién inventada, sus anillos junto a su presencia representaban un pequeño resumen de la vida en la tierra.
El 6 de agosto de 1964, el servicio Forestal de los Estados Unidos había dado permiso a Donald (como el pato Donald) R. Currey, joven botánico para talar el árbol más viejo del mundo y poder estudiarlo.
Este árbol se llamaba Prometeo. En la mitología griega Prometeo era el Titán amigo de los mortales y era considerado el protector de la civilización humana a la cual regaló, entre otras cosas, el fuego después de robárselo a los dioses.
El anciano ejemplar de pinus longaeva de casi 5000 años Prometeo, vivía en las Montañas Blancas de California en unas condiciones ambientales extremas. Gracias a un metabolismo tan lento como para mantener sus acículas en las ramas durante 30 años (ay dios, una sencilla y pequeña acícula con cinco años menos de los que yo tengo ahora) y su madera dura y resinosa podía ver pasar los días uno detrás de otro.
Así hasta que llegó Donald el 6 de agosto de 1964 y tras talarlo, contó 4950 anillos.
Tamara Azul
